Yo soy todo esto:

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Creo que me tomo demasiado en serio lo subjetivo. Y mis objetivos son tan irreales, que parecen subjetivos.

sábado, 24 de julio de 2010

ESTÁ PERO SE FUE

La casa de mi abuela fue, durante muchos años, sitio de runiones y soledad, de fiestas y no tan buenos momento, navidades, años nuevos, cumpleaños, y un funeral. Mi abuelo terminó relaciones con este mundo el 30 de mayo de 2009, y desde entonces, entrar en lo que fue su cuarto es una experiencia un tanto incómoda. Mi hermana siente miedo, porque a pesar de haber conocido bien a su abuelo, teme que una aparición repentina y transparente no sea tan inofensiva. Mi papá se deja acosar por la nostalgia, mientras que mi abuela no exhala suspiros. Mi hermano... realmente no tengo idea. Pero como si la invisibilidad de tal persona, que no sè si está o no, me tira la impresión de que además de no dejarse ver puede percibir pensamientos. Se me ocurre pensar que no solo está muerto, sino comido por los gusanos. No me gusta pensar en eso, pero una parte caprichosa de mi mente quiere saber qué pasaría si él leyera ese pensamiento. Y de igual manera, me preocupa mi conciencia, ya que no está tan limpia y que ahora solo él y yo sabemos de lo que me arrepiento y me avergüenzo.
Y no aparece, solo se manifiesta en imágenes que creo que son del recuerdo y no solo de la imaginación. Salí del cuarto creyendo que ya nada podía hacer más que lavar mis gotas de mar. El baño puede no ser el mejor kugar para recordar a alguien, pero era ahí donde mi abuelo nos hacía poner de mal humor, y hacernos carcajear en cuestión de segundos. Mi viejo, que estaba en el comedor, apagó el televisor y contestó el teléfono. No pude ecuchar muy bien lo que decía, pero creo que estaba hablando con su hermano, el tío Carlos. Yo lavaba mi cara y me secaba. Cortado de una novela, me miré al espejo y me acordé de cuando mi abuelo llamaba a mi viejo y este acudía sin ganas ya que seguramente era para llamar un poco la atención. Se escuchaba que gritaba ¡¡Omar!! y mi viejo se agarraba la cabeza.
Por un momeno creí que era solo mi imaginación, que no había explicación más que un juego de la mente, una alucinación. Salí del baño ràpidamente y lo encontré a mi viejo, sentado y con una mano tapandose los ojos. -Omar, lo escuché. Escuché al abuelo.- dije. Bajó su mano, y entre lágrimas me dijo:- Yo también lo escuché.