Yo soy todo esto:

Mi foto
Creo que me tomo demasiado en serio lo subjetivo. Y mis objetivos son tan irreales, que parecen subjetivos.
Mostrando entradas con la etiqueta Empatía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Empatía. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de septiembre de 2010

NO ME DEJES SOLA VOS TAMBIÉN...

Me acordé, sin razones en particular más que el inmenso espacio de tiempo que tengo para pensar, sobre una persona que marcó personalidad, ingenio y obsesión en lo que en aquel momento era yo. Era la época en la que muchos adolescentes se esforzaban por ser "originales", y de ahí exponer pensamientos que buscaban discretamente la aprobación de los demás. Al menos, así fui yo, así fue ella. Entre tantas cosas, me dijo que su mejor periodista era Jorge Lanata, y usando el mismo sentido literal de la frase, su mejor enemigo era su "conmigo". Jorge Lanata se destacaba por excelente labor como periodista, y su "conmigo" se destacaba por hacer las mejores cosas para aturidirla. Su "conmigo" era la parte pensante de ella, la consejera que entorpecía sus palabras o las detenía, era la voz de su conciencia, y también su más negociable problema. Era cuestión de entender por debajo de sus palabras, que todo lo que ella decía estaba influido por esa parte caprichosa de su mente que, con sutilezas, intentaba proyectar sobre sí misma imágenes que dieran al público una impresión de mujer excepcional. Y la perturbaba una mala sensación: intentar convencer a la gente de mi "excelente personalidad" está alejando a la gente que coincidiría perfectamente con mi face original, la verdadera. Quién se enamore de mí estará sintiendo amor por un fantasma, alguien que es, pero que no es. Y a quien yo destine como el amor de mis deseos no lo será porque no voy a poder verlo. Terrible idea, y se animó a expresarla, quizás como parte de esa necesidad de ser original: Darío, quizás el amor no es algo por conquistar en mi vida, quizás solo lo vea pasar por delante de mí, pero no tendría armas para alcanzarlo. Me resigno a eso, quizás por no intentarlo, quizás por no querer ser rechazada, quizás por no equivocarme. Tengo miedo, quiero estar sola.

Dos semanas después, antes de las vacaciones de invierno, le conté mis planes: durante el receso de invierno iba a trabajar con mi tío en Santa Fe. Considerando que mis estudios no iban bien y de hecho, era irreparable, me quedaría allá hasta que vuelva marzo con otra oportunidad.

Jamás creí que me diría eso....

miércoles, 4 de agosto de 2010

BUSCANDO TRABAJO...

Mi hermana Natalia logró convencerme. Yo no quise al pricipio porque yo ya tenía pensado alistarme en el Ejercito Argentino, o al menos tenía la esperanza de que me tomaran. Mordí fuerte para generar coraje y salimos en busca de algo llamado trabajo. Ella ya tenía algunos lugares marcados de los avisos clasificados, y arremetimos en uno que quedaba un tanto lejos de mi casa. Solicitaban chicas de 21 a 30 años y nada más. Yo coincidía con esas características, así que me anoté. Cuando llegamos habían más o menos quince chicas, que para mí impresión, eran mucho más lindas que yo. Ya me sentí rechazada antes de entrar a la entrevista, pero no sucumbí ante la tentación de olvidarme de todo y salir corriendo. Esperé junto a mi hermana como si estuviesemos esperando los resultados de una operación quirúrgica. Salió de aquella puerta un hombre pasado de peso, pero bien vestido. A voz general gritó mi nombre: MARIELA ROMAY!! Me levanté actuando la apariencia de irme, levantando mis cosas y mirando a la puerta que daba a la calle. Pero encaminé mis pasos hacia aquel rostro depravado. Dudé, pero mis pasos no cedían a darme tiempo para decidir. ya estaban adentro, y alguien empezó a hacerme preguntas. Al salir, quedé con la boca semi abierta. No me darían el trabajo porque descubrieron un resentimiento hacia los hombres. me dio mucha bronca, y más bronca todavía cuando me dijeron que esa entrevista era para un´puesto de prostituta en un cabaret. No quiero ser prostituta, ni tampoco trabajar en un cabaret en ningún puesto. PERO ME HUBIERA GUSTADO QUE ME DEJARAN AL MENOS DECIRLES QUE NO.

martes, 1 de septiembre de 2009

El Miedo Me Detiene

No había por qué abstenerme a tal jolgorio. Había sido una de esas oportunidades en que lo que más importa no es lo que uno piensa sino lo que uno haga, como en la mayoría de las ocaciones. Y ahora, yo pensé demasiado.... y no hice nada. Tomaba todo con fuerza, presionaba su nombre con mis dientes y me llevaba la bronca por tener esta maldita costumbre. Dejé que el aire que respiraba se llevara toda la ira que sentía por mí mismo. Me fui, y dejé todo eso atrás, porque no tenía el valor suficiente para enfrentar la situación. Que si vamos al caso, no era tan dificil de acercarme para hacer lo que tenía que hacer sin miedos a un fracaso sublime. Solo tenía que ir... y cagar.


Darío Sosa

martes, 26 de mayo de 2009

EL HOMBRE DE TIZA

Hoy fue el último día en la casa de los guardapolvos y los pizarrones. Mi jubilación ha llegado más rápido de lo que imaginaba, y ahora que está acá, marca un antes de años inolvidables, y un después tan breve que me da miedo vivirlo.
Antes de salir hice el recorrido que había trazado durante tantos amaneceres de invierno, entre tantos aniversarios cumplidos. Y no pude evitar sentir que aún estaban los primeros discípulos, a quienes enseñé a leer y quienes me apretaron fuerte la mano al terminar sus estudios. ¿Qué podía hacer? Si faltaban solo diez minutos y yo aún tenía muchas cosas que enseñar.
Mi noción del tiempo se había sumergido en la espesa niebla de lo que fue, entre fantasmas que saltaban la soga y tantos otros que corrían por todo lugar. Pero el sueño se iba y la realidad volvía con un silencio ensordecedor. Caí una vez más, al ver el pasillo adornado de puertas que se abrían todas al mismo tiempo, liberando un río de angelitos que sabían mi nombre.
Llegué a la portezuela de bronce que nos invitaba a entrar y salir de la escuela, y quise deshacerme de la tristeza melancólica y quedarme con el mejor recuerdo.
Cuando vi la avenida me di cuenta de que todo había cambiado radicalmente, y volteé para admirar mi templo. Ahí fue cuando la realidad cayó sobre mí como un aguacero.
El edificio, sujeto inanimado, queda sin la menor importancia, porque todos los recuerdos los llevo conmigo.