Yo soy todo esto:

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Creo que me tomo demasiado en serio lo subjetivo. Y mis objetivos son tan irreales, que parecen subjetivos.

miércoles, 27 de enero de 2010

La Sede

Solo necesitaba una visita a la Sede para tomar dimensión de lo que es llamado Grandeza. A mí, que tantos años de imposición por familia, escuela católica y muchas películas sobre Cristo, no me terminaba de convencer sobre lo poderoso que podía ser, o lo insignificantemente debil. La Iglesia para mí era como la del barrio, llena de viejas que se quieren ganar un nicho en el Cielo, otras tantos arrepentidos de una vida lujuriosa y pecadora, y otros que querían quedarse en casa haciendo el asado del domingo al mediodía. En ese último grupo me incluía yo.
Pero... por alguna razón, que no pienso adjudicarle el misterio a Dios, me invitaron a la casa de unos parientes en Italia, un lugar llamado Ciampino muy cerca de Roma. El viaje fue increíblemente incómodo, pero no duró para siempre.
Cuando llegamos, el 15 de abril de 2009, coincidimos justo con la fecha de San Ezequiel, según el Santoral Católico. Este tipo fue enviado por Dios para animar al pueblo de Israel cuando fueron llevados cautivos a Babilonia. Al no conocerlo, creí que no era tan importante, tan famoso ni tan solicitado como lo fuera San Francisco de Asís o La Vírgen de Luján. El 15 de abril de ese año, mi bisabuelo materno, Leonardo Ezequielle Baracalli, hubiese cumplido 93 años de no haberse ido con la de negro. Y sin contarme el itinerario, fuimos todos a la Ciudad del Vaticano. ¿Para qué me lo iban a contar, si quiera o no quiera me iban a llevar igual? Por mi lado, no me imposrtó ir o quedarme en casa llena de italianos que solo hablaban italiano. Yo, un cero a la izquierda.
Calculé más de 20.000 personas, pero supuse que había más. Todos cantaban la misma canción, ya sea en los balcones, los de la plaza o los que habían quedado afuera. Era una gran masa hablando con la voz que se escucha fuerte, la que parece una sola, la que me hizo temblar. La devoción desbordaba, la gente se arrodillaba, miraba al Cielo y cantaba con tal alegría que creí estar en el Paraíso. Avancé hacia el centro de la plaza. la gente no se percataba de mi paso al abrirme camino, algunos apoyaban su mano en mi hombro, como si intentaran ayudarme a pasar. Y cuando llegué a la fuente vi la masa de otra manera. Al lado mío habían mujeres con sus hijos en alto, todos sudfando por el calor agobiante, nada distinto a un recital de Sandro de América. Pero al ver por encima de ellos, vi una multitud homogénea acaudalada, y todos estaban por la misma razón, esa fe que a mí no se me había aferrado. Entonces, por adoración, por convencimiento visual, por milagro o por lo que fuese, levanté mis brazos como lo hacían todos, vi celeste y mordí un perdón tan auténtico, tan profundo y sincero, que al bajarlos mi cara estaba empapada en lágrimas.
Y encima vi al Papa, el trompa de la Iglesia salió a dar la Misa en diez idiomas de los que nueve no entendí, pero en ese momento sí.

Me hubiese gustado que estuvieras ahí conmigo, solo para estar.

jueves, 14 de enero de 2010

La Paloma Y La Rata

Había una vez una rata muy valiente e impulsva. Sus métodos en busca de lo que quería eran muy similares a los de las demás ratas, pero para la paloma era algo realmente asombroso. El ave se posó sobre la rama de un árbol a observar los movimientos del roedor. Sus plumas hicieron una buena recámara para así ver el espectáculo. Atenta, se acercó sin abrir las alas y sin sacarle los ojos de encima a aquel animal, que intentaba meterse a un bote de basura.
La rata estaba cansada, pero el hambre que atormentaba a sus tripas impulsaba los movimientos que requería para conseguir llegar al bote.... Pero cayó. La paloma se cagaba de la risa, y casi cae también. Muy ofendida, la cosa peluda le dijo que no subestimara ni se burlara de sus métodos que, por herencia de miles de años, las han mantenido vivas.
-No me río de tus métodos.- dijo la paloma escondiendo la risa. -Me río porque dentro del bote... no hay nada.-
La rata quedó confundida. Un bote debasura que no cointenía basura. -No puede ser- contestó con un gesto típico de la necedad. Mientras que la paloma seguía con su coro de carcajadas.
-Dejame que te diga una cosita, rata apestosa.-Aventó la emplumada. -Antes de meterte en la basura, fijate si hay algo para vos adentro. Porque casi te desnucás, y no tenías idea de que tu muerte hubiera sido en vano, desde cualquier punto de vista.-
La rata la miró y una sonrisa empezó a brotar de tu dentada boca.
-Quiero preguntarte algo, palomita estúpida. ¿Qué estás haciendo ahí?.- cuestionó la rata.
-Nada, en realidad, nada que te importe.- contestó altanera y sonriente.
-Yo que vos me iría volando rápido y lejos. Pero lo haría ahora.-
-¿Vos me vas a decir qué es lo que tengo que hacer? Pobre de vos. Yo sé bien lo que tengo que hacer, no necesito que un animal inferior, un aborto de la naturaleza, un animal que no sirve más que para asustar a las viejas me diga lo que tengo o me conviene hacer. ¿Qué te hace pensar que debería hacerte caso?-
-Porque el gato que está atrás tuyo tiene más ganas de comerte que de conversar.
De tu golpe, la paloma miró hacia atrás y antes de que se percatara de la situación, un gato casero, gordo y con dientes afilados arremetió en contra de ella tirándola al piso, desgarrando su cuello y derramando su sangre. La paloma murió, y la rata se escapó... por la alcantarilla.

¿Moraleja? Ingresá tu posibilidad.

sábado, 2 de enero de 2010

CÍRCULO VICIOSO

¿Vos sabés de dónde viene todo esto? Yo tampoco, pero en algún momento nada de esto era tomado con tanta importancia. Las estrellas se mantenían quietas, y explotaban cada millones de años. Ahora, lo hacen cuando a nosotros se nos da la gana. La manada se mantenía unida todo el ciclo, y solo se separaban aquellos que jamás volveremos a ver. Había algo que se llamaba PAZ, y que nosotros convertimos en JOLGORIO, un descanzo jocoso para unos, un descanso frustrado para otros. Mis antepasados temían por lo que vendría. Nosotros festejamos por lo que se fue. Los hombres reconocían a sus pares. Hoy no se sabe quienes somos.
Inevitablemente, las cosas, tanto tradiciones como sentimientos y sensaciones, van a seguir cambiando. Poco a poco, la nostalgia va transformándose ( o confundiéndose) con perdones. Quizás pensar que esto que vivimos hoy lo voy a vivir otra vez la próxima oportunidad que vea cambiar de ciclo. No quiero eso, digo, y trato de cambiarlo desde ahora, para adelante.

Es así cómo todos los años nuevos, todo vuelve a empezar.